Tras tres meses, por la gracia de nuestro Señor, yo Elizabeth Monroe me encuentro aquí, en Cabinda uno de los nuevos territorios de nuestras prospera nación.
Cuando madre se entero que mi destino era predicar la palabra del Señor invadió en ella un sentimiento de orgullo, el cual me dio fuerzas para ayudar a los pobres salvajes pero a pesar de esto sentía miedo. Les pedí a todos que me rezaran mucho por mi y mis compañeros. Empecé mi viaje embarcando en el puerto del cabo de Land’s ends. El último mes de mi travesía fue el peor de vida, el calor era imposible, las ratas nos invadían , pero yo rezaba para que Dios me diera fuerza y no desistiera en mi próxima hazaña.
Nos vienen a recibir un gran grupo de nativos, de poca ropa. Están muy contentos no paran de gritar y brincar ¡Que detalle, han traído un parasol! Hacia semanas que no veía un rasgo de feminidad, tantas semanas rodeada de rudos marineros empezaban a influirme.
El comandante nos ha informado que aun nos quedan dos jornadas hasta llegar ha Kinshasa, nuestro destino, pero que esta noche la pasaremos aquí.
23 de agosto de 1884
¡Gracias Señor! Por fin estoy entrando a Brukuthi un pequeño poblado de Kinshasa. Los Progharais, la tribu indígena del lugar empiezan a recibirnos. De momento empiezo a ver un decenar de hombres negros acompañados de cuatro compatriotas británicos.
Del carruaje bajamos el pastor Smith, el señor Bennet, el comandante Johnson, la señorita Martha Collins, el jovencito Philip y yo. Nuestros compatriotas la señora Aretha, el señor Stevenson y dos ayudantes de estos.
Empezamos a caminar para ver nuestro hogar para los próximos meses. ¡Qué multitud! Son aproximadamente dos centenares de indígenas entre hombres, mujeres, niños y mayores. Casi no puedo oír mi voz, todas las mujeres de la tribu me han agarrado y me arrastran ante el fuego, no paran de tocarme la cara, mis ropas, mi pelo... Estoy asustada, solo oigo gritos, risas y música. No alcanzo a oír ninguna voz familiar. No me quieren soltar, no me entienden. ¡Sí! Parecen que empiezan a dejarme. La señora Aretha ha intervenido y empieza a presentarnos ante ellos. Al parecer están aprendiendo a hablar, algunos ya saben. Dame fuerzas Señor, no sé si podré aprenderme todos los nombres.
El pastor Smith nos anuncia que será una noche de poca tranquilidad, ya que nos han preparado una gran fiesta. De solo pensarlo me revitaliza pero mis fuerzas están al limite, necesito dormir.
30 de Agosto de 1884
Después de una semana estoy totalmente instalada en mi nuevo hogar. Este ya no es el olor de mi querido Londres. Comparto habitación con la señorita Collins. Ella no para de llorar ¡Como no descanse más y duerma, pronto caerá enferma!
El pastor Smith ya me ha mostrado mis funciones en el lugar. Mi misión será mostrar instruir y predicar la verdadera religión y la palabra de nuestro Señor. Enseñar a leer y escribir a los niños. De momento, los jefes de la tribu no nos deja enseñar a las niñas, dicen que la mujeres deben mantenerse fuera de asuntos de hombres. También tengo que ayudar en el nuevo hospital como enfermera. Por lo general, la gente del lugar es benévola, agradable y dispuesta a aprender. Aunque hay un sector que es reacio a ser civilizados y educados en nuestra fe, la cristiana.
Hoy bautizamos a siete personas. Rechazan a Satanás y reciben en su corazón y alma la verdadera luz y sus pecados serán perdonados . Les otorgamos nuevos nombres. Estoy orgullosa de que mi esfuerzo se vea reflejado. Me gusta ayudar a los perdidos a encontrar el camino hacia la salvación, parece mentira que los salvajes puedan ser también puedan ser personas.
17 de octubre de 1884
Llevo casi tres meses aquí y parece mentira lo rápido que pasa el tiempo. No paro de trabajar y aquí pronto se hace noche.
Apesar de que hecho de menos a mi familia, estoy feliz, ayer recibí un telegrama de padre, mi hermano George se casara con su prometida dentro de nueve meses, ojalá pudiera estar allí con ellos, pero he cogido mucho cariño a esta tierra. Ahora las niñas asisten a mis clases, son muy inteligentes y cariñosas. Todos han aprendido a hablar. Aunque todo no ha sido bueno. Puesto que hace dos semanas, las fiebres inundaron nuestro campamento, ha sido duro ver como el Señor se ha llevado el pequeño Muntu y su madre.También hemos tenido que despedir la vida del ayudante del comandante Johnson, los echaremos de menos. Que Dios los tenga en su gloria y los recibe en Su seno
21 de noviembre de 1884
¡Señor perdona nuestros pecados!
Hoy se ha hecho justicia. Uno de nuestros infieles a recibido condena en tu nombre Señor.
Bunwerhy ha sido castigado. Él ha intentado forzar y deshonrar a la pobre Martha Collins. Esta tarde ella a entrado en mi aula, mientras daba clase, totalmente desaliñada y con lágrimas en los ojos. Inmediatamente el señor Bennet y el joven Philip han corrido a su búsqueda. Se le juzgo delante de la multitud y delante del Todopoderoso. No ha negado la acción de la que se le acusaba y seguidamente se le ha ejecutado.
El comandante Johnson ha sido el encargado. Le han cortado las manos, que han servido a Satanás como instrumento del mal. Delante, estaban los jefes de la tribu, el pastor y el señor Stevenson. Las mujeres lloraban por el acto de Bunwerhy que será recordado para siempre.
24 de diciembre de 1884
Hoy es el día del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo. Todo el mundo esta muy feliz. Los hombres y mujeres se dan prisa para tener todo apunto para esta noche y yo enseño villancicos a los niños con el nuevo piano que nos ha regalado. También les he contado la historia de los tres Reyes Magos. Los voces de los niños y niñas se alzaban cuando llegué a la parte del Rey Baltasar, les han sorprendido como un Rey negro alababa a nuestro Salvador y han comprendido que todos somos hijos del mismo Padre.
Nos han venido a visitar unos misioneros que pronto volverán a Reino Unido. Nos han contado sus experiencias con los indígenas con otra tribu cercana a la nuestra. Han estado dos años evangelizando y ya deben volver. Nos hemos hecho una foto delante de la iglesia, seguro que salimos muy favorecidos.
4 de febrero de 1885
¡Qué desastre!
Unos hombres franceses han implantado el terror en nuestro pequeño poblado. Nuestras tierras y todo lo que en ellas había según ellos era posesiones de su nación. Los hombres no han podido hacer nada delante de la violenta acción de esos salvajes extranjeros. Han destrozado el campamento, quemado documentos y papeles, destruido nuestros campos de cultivo y han matado a nuestras bestias.
¡Señor ayúdanos! Se han llevado a casi tres decenas de nuestro hermanos atados y encadenados como esclavos.
No sé que va ha pasar. Estoy asustada, todo el esfuerzo de estos meses se ha esfumado en pocas horas.
La desesperación se percibe por todos lados, los llantos inundan mis oídos. ¡Sálvanos Dios!
15 Abril de 1885
Todo ha terminado. Todo se ha reducido a nada.
El pequeño pueblo de Brukuthi no es de nuestra nación. Tras una conferencia celebrada en Berlín se nos ha arrebatado a nuestra Nación el territorio de Kinshasa. Sólo nos queda recoger y volver. Tendremos que decir adiós los Progharais, nuestros hermanos. Sé han llevado a casi todos, los venderán como esclavos o no sé. Espero que tengan fe, yo la tendré por ellos. Nos llevamos a nuestras nueva hermana Roselyn a Londres, es una de los pocos indígenas que han sobrevivido a los saqueos. El resto se han ido. ¿Dónde?. No esta en mi la respuesta. Pero de aquella tierra que un día rebosaba vida y amor ya no queda NADA.
The End



